RELATO: “HIJO DE PUTA”
Tirada en el suelo, encogida, en un intento de proteger su vientre, escuchó el portazo. Un golpe fuerte, resonante. Tras él, silencio, sólo silencio. Después, el mundo empezó a desmoronarse como un castillo de naipes, inexorable e inevitablemente. Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, recorriendo sus pómulos amoratados, cayendo al suelo. Lágrimas tímidas primero, en la inconsciencia. Mas, una vez hubo comprendido el significado de la última hora, el llanto estalló, silencioso, pero abundante, al tiempo que, temerosa, susurraba débilmente: “Mi niño no, por favor, por favor.” Una profunda herida se abrió en su pecho salvajemente, una herida de bordes rasgados, irregulares e inflamados, un agujero en su alma, que sólo el tiempo podría llega a cerrar algún día y que, hasta ese momento, se reabriría impredeciblemente para ahogarla en el dolor del recuerdo, de la pérdida. “Mi hijo no, por favor”, clamaba desesperadamente. Un rayo de furia recorrió su cuerpo, traspasó sus venas y erizó su vello, mientras pensaba en ese hijo de puta que la pegaba, en ese hijo de puta borracho que amargaba cada día de su vida. Furia que pedía venganza, necesitaba venganza. Mas, un instante después, la determinación huyó de su cuerpo como gato huye de un perro. Algo, no se sabe qué, borró su furia y le infundió una extraña tranquilidad y conformidad. Casi inerte, poco a poco, se levantó. En el silencio de su tragedia, comenzó a barrer los restos de la injusticia. Apenas sintió dolor, ni si quiera tristeza, cuando, sentada en el baño, el agua se llevó a la oscuridad de las alcantarillas el fruto de su vientre. Vacía, indiferente, resignada, volvió al salón y se concentró en su tarea, olvidando para siempre que el que algún día pudo ser su hijo acababa de desaparecer por el retrete.
Este texto está escrito por un joven de dieciocho años- mi hijo mayor-; me parece alucinante que un muchacho se pueda ni tan siquiera aproximar a lo que puede sentir una mujer víctima de una situación tan demoledora.
Imagen extraída del diario “El País”, http://www.elpais.com/fotogaleria/dibujos/ninos/maltratados/5455-9/elpgal/
Pedro García-Rendueles Rubio “In memoriam”
Con sólo dieciséis años, en una curva le aguardaba el final de su corta vida. Un desgraciado accidente de moto truncó demasiado pronto su ilusión y sus ganas de vivir.
A pesar de su corta edad, su trayectoria vital estaba marcada por algunas situaciones complicadas que le habían hecho madurar mucho antes de lo esperado para su edad; pero el cariño y el amor de su madre, de sus tíos y de sus abuelos maternos- sobre todo de su abuelo José Luis, a quien él siempre llamó “papá” puesto que así lo consideraba en realidad- habían conseguido hacer de él un adolescente feliz al que no le faltó en ningún momento el soporte afectivo y la estabilidad familiar.
Estoy absolutamente destrozada, hecha polvo y no puedo parar de llorar…
Sólo puedo pensar en lo injusto de esta ausencia; en el dolor infinito de su familia y de su madre- quien pasó también momentos muy difíciles de los cuales salió gracias al apoyo incondicional de su familia y al amor que sentía por él -, a quien la vida la ha arrebatado de forma brutal y despiadada a su único hijo.
Todavía no le he dicho nada a mi hijo mayor, quien compartió con Pedro tantas tardes y fines de semana de juegos y charlas, pero sé que cuando se entere sufrirá el mismo shock que yo he sentido al conocer la desgraciada noticia.
Desde la distancia que me separa de allí, sólo puedo ofrecerle a Pedro y a su familia este sentido homenaje que brota del fondo de mi corazón roto de dolor.
Hasta siempre:
DESCANSA EN PAZ, QUERIDO PEDRO.
“RECORDARE” Réquiem en Re menor, KV 626, Wolfgang Amadeus Mozart

