Hoy mi hijo mayor ha llegado de su ensayo semanal con la banda de música municipal a la misma hora de siempre, sobre las diez y media de la noche, pero con una sorpresa especial.
Cuando le veo entrar en el salón, con los vaqueros tiznados de negro y diciendo con cara de enfado que hay gente indeseable, mientras observo que además de su trombón carga con un pequeño cubo de plástico también tiznado, lo primero que pensé fue que había tenido un encontronazo con alguna pandilla de graciosos que le habían vaciado el cubo por encima… Pero cuando se acerca a mi lado y me muestra el contenido del recipiente cochambroso con el que venía cargando desde el centro del pueblo me quedé de piedra, pues ante mis ojos aparecieron cinco cachorritos que tendrían unas horas de vida a juzgar por su aspecto, todos tiznados, emitiendo unos lastimosos quejidos y apelotonados unos contra otros para darse calor. ¡Qué impresión! Me cuenta mi hijo que los sacó de un contenedor de la basura en el que alguien los había dejado; casi me pedía perdón por haberlo hecho y se justificaba diciendo que al oír sus quejidos no pudo pasar de largo… Una señora que paseaba un perro por la calle dice que también oyó los lamentos perrunos, pero cuando mi hijo los sacó le dijo que los dejara encima del contenedor para que los recogiera alguien- ¡y eso que ella tenía perro…! Como mi hijo le dijo que no, que se los llevaba él, se extrañó bastante; le preguntó entonces qué llevaba en aquella funda tan grande y aparatosa que portaba a la espalda y cuando mi hijo le dijo que era un trombón le contestó diciendo que ahora entendía porqué era tan sensible, por ser músico… ¡Vaya tontería…!
El caso es que les preparamos una caja con papeles de periódico e intenté contactar con la protectora de animales de este bendito pueblo, pero no fue posible. Mi marido me dijo que llamara a la policía local, pero al final hablé con una persona del 112 que me recomendó personarme en las dependencias de la policía local con los perritos. Como me dijo que les podía dar leche con un biberón al final amamanté a los cinco, los lavé un poquito y se quedaron tranquilos…
Los tengo en la habitación de mi hijo mayor para volver a amamantarlos dentro de un ratito, y mañana buscaré una solución para estos inesperados inquilinos. Cada vez que pienso, y así se lo comenté a mi hijo, que si esto nos ha impactado, cómo tiene que ser encontrar a un bebé recién nacido en la basura- y casos así estamos hartos de escucharlos- se me encoge el corazón. De momento nos vamos a ocupar en sacar adelante a todos los cachorros si podemos hasta buscarles un hogar donde puedan disfrutar de la segunda oportunidad que la vida les ha brindado.
Seguiré informando, e intentaré colgar alguna foto de “nuestros chiquitos”. Que Dios o la Madre Naturaleza nos dé la fuerza para salir airosos de esta complicada situación…
quierodormir dijo:
Marzo 17, 2009 a 9:29 pm
Qué gesto más bonito ha tenido tu hijo.
Se ve que le has educado muy bien.
Un beso.
Maricarmen dijo:
Marzo 23, 2009 a 3:08 am
puf, qué cosas…
cómo siguen los cachorritos?