LA FUENTE
Lacrimosa, Evanescence, “The open door”, música basada en el movimiento del mismo nombre perteneciente al “Réquiem en Re menor, KV 626″ de W.A. Mozart.
(En el verano de 1791 Mozart recibió un encargo: escribir una misa de difuntos. Su propia muerte le impidió finalizar la obra, el “Réquiem en Re m”, y este movimiento es el último que dejó escrito; el resto de la obra fue finalizado por sus discípulos por encargo de su esposa, que veía en ello un intento por conseguir el dinero que por su situación económica tanto necesitaba. Unos años antes, en 1787 Mozart había dejado escrito en una carta: “Dado que la muerte es el verdadero objetivo de nuestra existencia, he establecido unas relaciones tan estrechas con el mejor y más verdadero amigo de la humanidad que su imagen no sólo no me aterroriza, sino que ciertamente me calma y me consuela”.)
Fotografía tomada por Ángel Pino en Guadalupe, Cáceres
“Cuando dejamos de ver la vida y nuestro mundo como el principio y el fin de todas las cosas;
cuando conectamos siquiera un poco con nuestra fuente
-la esencia divina que compartimos con el Todo-,
nuestra mirada cambia y empezamos a ver la grandeza
en todo lo que nos rodea”.
Creo que mi mirada está empezando a cambiar, despacito seguramente- como un gato cuando se despereza después de una larga siesta-, pero algo se mueve al menos. Cuando veo esta foto de mi hijo, ese chorro de agua cristalina que parece no tener fin presidido por la imagen del sol brillando en el espacio, me imagino ver esa fuente que todos llevamos dentro, ese pozo de amor infinito; y entonces pienso que este ansia de amor, este hambre y esta sed inmensa que desde hace tanto tiempo me atormentan sólo podrán ser saciadas cuando me vuelva hacia adentro, hacia mi fuente, y deje de buscar afuera lo que tanto anhelo…

