Soy nueva en esta plaza, así que me toca presentarme.
Mujer casada el tiempo suficiente para vivir el desgaste de la convivencia diaria, la pena de sentir cómo te alejas irremediablemente de quien en su día colmaba plenamente tus expectativas; madre de familia numerosa, la necesaria para descubrir ya demasiado tarde cuánto tiempo propio te roban esos hermosos tesoros a quienes tanto amamos, pero que tantos trabajitos nos suponen. Ama de casa lo justo de atareada para experimentar en carne propia la alienante condición de la maruja que milita no por convicción, sino por denostada obligación, tan absurda como inútil, en aras a conseguir ese hogar perfecto de revista pija, impoluto de polvo y paja, pero vacío de grano sustancioso… Mujer trabajadora por etapas, gracias a Dios y a la sociedad igualitaria, que libera en su trabajo esa especie de bilis incacabable de quien vive encerrado en un mundo que le resulta tan tóxico como un lingotazo de aguafuerte concentrado. Hija antaño dolida y herida; a través de los años y las angustias, de nacer y de morir a cada instante, me encuentro medio recuperada de las dolorosas heridas de mi infancia.
Y así llego ante vosotros, con la herida del pasado aún medio abierta, humeantes las cenizas de mi último arder en el infierno de mí misma- al que por otros pagos le he dedicado posada y morada, vestido de logotipo naranja el sitio-, pero con el corazón una “mijita” alegre por las cosas nuevas que me van surgiendo (una mijita na más, no nos desmandemos, que luego la realidad se impone con dureza cuando menos te lo esperas y se desincha el globo de la risa para verter su contenido de lágrimas acuosas).
Asturiana lejos de su tierra; huérfanos los ojos de ese mar bravío que meció mi infancia, espuma de olas y algas, arena en los ojos inocentes de mirada inquieta y arrebolada por su magnificencia; huérfanos también del verde prado y de las altas montañas que se elevan al cielo con gallardía, rocas firmes y duras que nos conforman como pueblo luchador a lo largo de la historia.
Extremeña de adopción por mor de mi matrimonio, y a causa de una extraña sincronía que desde tiempo atrás me vincula misteriosamente con esta tierra seca y dura, tan distinta de mi patria verde y húmeda, tal vez para secar mi alma de tanta humedad y tanta lluvia acumulada en los ojos llorosos de mucho tiempo de sinsabores. Calor y polvo, sol radiante, interior ausente del mar de mi infancia; este clima árido y penoso me sumerge en el fondo de mí misma, de mis angustias, en busca del manantial eterno, del pozo umbroso que refresque mi alma siempre sedienta y anhelante. Curioso baile de los extremos el que me trasporta del húmedo y agradable norte al seco y exigente sur de nuestra piel de toro.
Y desde aquí al mundo entero, en busca de nuevos horizontes- aunque sean virtuales- que renueven mi existencia agotada, apurado ya el cáliz amargo de mí misma. Esta ventana misteriosa en la que vuelco mis deseos, mis logros, mis descubrimientos, me devuelve de cuando en cuando un voz amiga que me acuna, que me mece con su murmullo como antaño me mecía el batir de las olas en la orilla de la playa.
Mi mirada cambia por instantes, por momentos, y de esos cambios daré cumplida cuenta en este sitio.
Gracias.
IMAGEN DEL MAR CANTÁBRICO TOMADA DESDE LA COSTA ASTURIANA. GIJÓN. AUTOR ÁNGEL PINO PÉREZ( mi hijo mayor, al que se le da bien casi todo lo que hace).